¿Lecitina o krill? Estudio revela diferencias clave en nutrición de alevines de salmón
El aceite de krill redujo los ácidos grasos monoinsaturados y n-6 poliinsaturados, y aumentó los niveles de ácido eicosapentaenoico (EPA), un omega-3 beneficioso.
La creciente demanda de salmón impulsa al continuo desarrollo y optimización de formulación de dietas y manejo nutricional de estos en diferentes etapas. En este contexto, un estudio realizado por investigadores chinos evaluó dos fuentes comunes de fosfolípidos: lecitina de soja (SL) y fosfolípidos de aceite de krill (KOP), para determinar su efecto sobre el crecimiento, la utilización del alimento, la capacidad antioxidante y el metabolismo de lípidos en alevines o fry de salmón del Atlántico (Salmo salar).
Fosfolípidos durante el desarrollo
Los fosfolípidos (PL) cumplen un rol fundamental en procesos fisiológicos clave, como la estructura de membranas celulares, el transporte de lípidos y la función inmune, siendo críticos en etapas tempranas, como en alevines, ya que favorecen el crecimiento, el desarrollo esquelético y la regulación del metabolismo lipídico, además de mejorar funciones intestinales y hepáticas, por lo que la optimización de las dietas en fases tempranas es clave para sostener el crecimiento exigido por la industria.
Los PL utilizados en dietas acuícolas provienen principalmente de fuentes vegetales y marinas, destacando la lecitina de soya por su disponibilidad y bajo costo, y los fosfolípidos de aceite de krill por su perfil nutricional diferenciado. No obstante, existe evidencia contradictoria respecto a cuál de estas fuentes es más efectiva para promover el crecimiento y la eficiencia alimenticia en salmónidos.
Materiales y método
Se formularon siete dietas: una control (P0) con un 1.76% de PL y seis dietas experimentales con un 1.5%, 3.0% o 4.5% de fosfolípidos adicionales de SL (S1, S2, S3) o KOP (K1, K2, K3). El estudio se desarrolló durante 56 días, con alevines de salmón atlántico de mismo peso y longitud, los que fueron aclimatados durante dos semanas, para ser luego distribuidos aleatoriamente en siete grupos con tres tanques replicados cada uno (100 peces por tanque), bajo condiciones ambientales controladas.
Los peces fueron alimentados a saciedad cuatro veces al día durante 8 semanas, con tamaños de pellet ajustados al crecimiento.
Al finalizar, se sometieron los peces a ayuno y fueron anestesiados para realizar muestreos y evaluar múltiples parámetros: desempeño productivo (crecimiento, conversión alimenticia), composición corporal, perfil de ácidos grasos (cromatografía), actividad de enzimas digestivas y capacidad antioxidante (kits comerciales). Además, se analizaron tejidos hepáticos e intestinales mediante técnicas avanzadas como transcriptómica (expresión génica) y secuenciación de microbiota intestinal (secuenciación del gen 16S rRNA), con el fin de comprender los efectos metabólicos y fisiológicos de las dietas.
Resultados
Crecimiento, eficiencia alimentaria y composición corporal
Se encontró que la suplementación con 3.0–4.5% de SL y 1.5–4.5% de KOP mejoró significativamente el crecimiento y redujo la conversión alimenticia (FCR), especialmente en los grupos con S2-S3 y K3. Además, la suplementación de S2, S3 y K1, K2, y K3 redujo la acumulación de lípidos en el cuerpo, aumentando la actividad de lipasa visceral, evidenciado también a través de tinción hepática.
Antioxidantes y perfil de ácidos grasos:
Se mejoró la capacidad antioxidante hepática, evidenciado por mayor actividad de catalasa y superóxido dismutasa, y menor peroxidación lipídica (malondialdehído) en los grupos tratados.
La lecitina de soja no modificó significativamente el perfil de ácidos grasos, pero el aceite de krill, en niveles moderados a altos, redujo los ácidos grasos monoinsaturados y n-6 poliinsaturados, y aumentó los niveles de ácido eicosapentaenoico (EPA), un omega-3 beneficioso.
Expresión génica hepática y microbiota intestinal
El análisis transcriptómico mostró que ambos fosfolípidos afectaron el metabolismo hepático de lípidos, regulando a la baja la expresión del gen apoa2-like; sin embargo, el KOP indujo respuestas más fuertes en genes relacionados con la utilización de lípidos y la señalización inmune innata. Por otro lado, el análisis del microbioma intestinal no mostró diferencias significativas entre los grupos evaluados.
El aceite de krill como opción
La suplementación dietaria con fosfolípidos PL – KOP o SL -, promueve significativamente el crecimiento de alevines de salmón atlántico, ya que en esta fase los peces presentan limitaciones fisiológicas para sintetizar y transportar lípidos de manera eficiente. Sin embargo, el efecto óptimo en la eficiencia alimentaria (FCR) se encontró en el 3.0% KOP (K2), indicando que una mayor suplementación no necesariamente mejora la utilización del alimento.
El aumento en la actividad de lipasa digestiva de los grupos suplementados, observada como el aumento en la digestión lipídica, sugiere que los PL favorecen el transporte, movilización y uso metabólico de los lípidos, evitando su depósito excesivo en tejidos. Esto sugiere también un efecto regulador sobre el metabolismo lipídico, reflejado también en los cambios transcriptómicos en el hígado, donde genes relacionados con el transporte lipoproteico (como apoa2) fueron regulados a la baja.
Además, la suplementación con PL aumentó la capacidad antioxidante hepática, posiblemente mejorando la defensa celular y minimizando daños por estrés oxidativo. En cuanto a la composición de ácidos grasos, KOP mostró un efecto más marcado que SL, incrementando ácidos grasos omega-3 beneficiosos como el EPA, lo que puede tener implicaciones para la salud y calidad nutricional del salmón.
El aceite de krill mostró una mayor capacidad para activar procesos asociados al recambio lipídico, uso energético y respuesta inmune. En conjunto, el KOP podría inducir un cambio en la función hepática, priorizando procesos metabólicos e inmunológicos por sobre la proliferación celular, lo que podría reflejar un estado fisiológico más eficiente en términos de uso de nutrientes y defensa del organismo.
Finalmente, la ausencia de cambios relevantes en la microbiota intestinal sugiere que los efectos de los fosfolípidos se manifiestan principalmente a nivel metabólico y fisiológico, más que a través de la modulación del ecosistema intestinal, al menos en condiciones experimentales y en esta etapa de desarrollo.
En conjunto, los resultados confirman que los fosfolípidos no sólo cumplen un rol nutricional básico, sino que actúan como moduladores del metabolismo lipídico en etapas tempranas del salmón. En particular, el aceite de krill mostró ventajas adicionales al mejorar el perfil de ácidos grasos —con mayor contenido de EPA— y activar respuestas metabólicas e inmunológicas más marcadas.
Desde una perspectiva productiva, esto sugiere que su inclusión podría traducirse no solo en mejores tasas de crecimiento, sino también en peces metabólicamente más eficientes y potencialmente más resilientes. Puedes encontrar los detalles del estudio en este enlace.