Producción intensiva eleva riesgos sanitarios en acuicultura terrestre
Noruega: La Autoridad Noruega de Seguridad Alimentaria advierte que la prevención debe integrarse desde la planificación para evitar brotes con impacto sistémico.
El aumento de la intensidad de la producción, una tecnología más avanzada y un mayor uso de RAS han cambiado el panorama de riesgos en la acuicultura de criadero y en tierra.
En la conferencia de Tekset en Trondheim, Noruega, Solveig Strand Johnsen, asesora de la sección de salud y bienestar de los peces de la Autoridad Noruega de Seguridad Alimentaria, explicó cómo este desarrollo impone mayores exigencias a la bioseguridad en toda la cadena de producción.
La prevención como premisa
En su exposición, Johnsen señaló que la bioseguridad debe entenderse como una premisa fundamental para las operaciones, no como un requisito separado que se maneja a través de documentación y control posterior.
“La bioseguridad debe ser una parte integrada tanto de la planificación como de las operaciones diarias, y no reducirse a un requisito formal que se maneja en el lado de la producción”, indicó.
Johnsen lo relacionó con las regulaciones de salud animal que Noruega comparte con la UE, donde la prevención es un principio fundamental. “La prevención es mucho más eficaz que tratar la enfermedad posteriormente”.
Interacción e implementación práctica
La profesional señaló que existen buenos ejemplos de colaboración entre la administración y la industria, incluyendo el desarrollo de regulaciones, planes de emergencia para ISA y directrices de la industria. Al mismo tiempo, señaló la necesidad de fortalecer la transferencia de conocimientos para su implementación práctica en las instalaciones.
“Existe una necesidad particular de mejorar la transformación del conocimiento en soluciones prácticas en las instalaciones, así como de desarrollar métodos y equipos donde se enfatice la bioseguridad desde el principio”, indicó.
Consecuencias importantes
La asesora señaló que la Autoridad Noruega de Seguridad Alimentaria observa que las consecuencias de las fallas de bioseguridad se amplifican a medida que aumenta la complejidad de la producción. Esto es especialmente cierto en sistemas cerrados con alta densidad de biomasa y reutilización de agua.
“A medida que la producción se vuelve más compleja, también aumentan las consecuencias de las fallas de bioseguridad. Los incidentes individuales pueden tener consecuencias mucho más allá de las instalaciones individuales”, afirmó Johnsen.
A su juicio, tales sistemas ofrecen un margen de error limitado. “En estos sistemas, la infección puede propagarse rápidamente si se introduce primero en las instalaciones, por lo que las medidas preventivas son absolutamente cruciales”.
Fase de desove
Desde la perspectiva de la administración, Johnsen destacó especialmente la fase de incubación como un eslabón vulnerable en la cadena de producción. La Autoridad Noruega de Seguridad Alimentaria observa vínculos entre el nivel de higiene en las instalaciones de incubación y los brotes posteriores de enfermedades en el mar, tanto de enfermedades incluidas en la lista como de enfermedades no incluidas.
“Vemos incidentes individuales de control de infecciones inadecuado en instalaciones de cría que pueden conducir al desarrollo de enfermedades infecciosas y debilitar la salud de los peces a lo largo de todo el ciclo de producción”, señaló la asesora.
Según la Autoridad Noruega de Seguridad Alimentaria, una bioseguridad inadecuada en las primeras etapas de la producción puede contribuir a que los peces liberados al mar tengan una resiliencia reducida, lo que aumenta el riesgo de problemas de salud más adelante en el ciclo productivo.
“Esto se aplica tanto a las enfermedades enumeradas como a las no enumeradas, e indica que las medidas de control de infecciones durante la fase de incubación no siempre son suficientes”, manifestó Johnsen.
Diseño de instalaciones y separación de infecciones
La Autoridad Noruega de Seguridad Alimentaria también enfatiza el diseño físico de las instalaciones y las soluciones técnicas como parte central del trabajo de bioseguridad.
“Las instalaciones y los equipos deben diseñarse de manera que sea posible un saneamiento eficaz y que las unidades estén realmente separadas en términos de infección. Esto es crucial para limitar las consecuencias si la enfermedad aparece primero y para evitar que los incidentes se propaguen dentro o entre las unidades de producción”, dijo la profesional.
Priorizar la bioseguridad
“Queremos visibilizar las debilidades en bioseguridad que se detecten y, a través de un seguimiento administrativo flexible, queremos crear incentivos para fortalecer la prevención”, explicó Johnsen a LandbasedAQ.
El objetivo es que la propia industria asuma una mayor responsabilidad a la hora de cerrar los puntos de riesgo identificados.
“Queremos que se priorice la bioseguridad para que sea menos necesario que la Autoridad Noruega de Seguridad Alimentaria tome decisiones individuales”, expuso.
La asesora señaló que el desarrollo de brotes de enfermedades proporciona una imagen clara de qué tan bien funciona realmente la bioseguridad.
“El número de brotes de enfermedades infecciosas es una especie de indicador del estado de la bioseguridad en la industria”, afirmó la profesional, haciendo hincapié en que más vale prevenir que curar. “Así lo recalca la normativa zoosanitaria que compartimos con la UE. Prevenir es más eficaz que otras medidas”, puntualizó.